18-07-10
“EL HOMBRE EN EL ARCA DE NOÉ”
“… el gran barco cargaba un animal de cada especie y Noé contó que el último en
subir tenía 2 patas”.
Hace unos meses me fui a dormir con el corazón encogido, sobresaltada y con
una mezcla de impotencia e indignación. Hacía escasas horas visionaba el telediario y
vi cómo el dueño de un pastor alemán lo apaleaba sin piedad y cómo algunos de sus
vecinos defendían ese comportamiento agresivo. ¿Inexplicable?.
La psicología, a través del estudio del ser humano, ha obtenido conocimientos
muy fiables acerca del comportamiento de los mismos, pero aunque existen indicios de
por qué, es muy difícil explicar, o hacer entender, comportamientos tan irracionales
como LA CRUELDAD HACIA LOS ANIMALES. Las respuestas están ahí fuera, en el
entorno en el que nos movemos, en las conductas que realizamos, no sólo haciendo, sino
omitiendo y permitiendo que delante de nuestra mirada se sucedan actos de intolerancia
hacia los animales (abandonos, apaleamientos, desatenciones…).
Muchos padres se alarman al saber que sus hijos han maltratado a un animal
(cortando los bigotes al gato, echando alcohol en sus ojos…), pero, ¿de qué se
sorprenden?... hoy en día parece lícito poder obtener placer a través del sufrimiento de
otros seres. En España los toros tiene mucha audiencia, y no hay mayor crueldad que
hacer daño para ofrecer diversión al público… y esas imágenes las ven los niños porque
sorprendentemente las emiten en horario infantil. Aquí en Canarias existe una gran
afición por las peleas de gallos, por las peleas de perros…, y ese gusto por la crueldad se
trasmite a las siguientes generaciones. Sí, difícil de explicar, aunque estoy segura de que
quien disfruta con esos espectáculos dantescos encontrará una razón perfecta para
justificar dicho comportamiento.
Y así podría seguir con una larga lista de acciones que ensombrecen nuestra
capacidad humana de sentir amor por el prójimo.
Esto se explica como un mosaico de circunstancias que tienen que ver con las
emociones mal canalizadas y con el crecimiento en un ambiente falto de valores de
La crueldad hacia los animales es una señal de preocupación que puede indicar
un trastorno de conducta en los hijos. Este tipo de violencia podría tener un valor
predictivo de violencia hacia los humanos. Hay niños que comentan verdaderos actos de
sadismo hacia seres vivos, estos niños crecen cargados de ira, que es una emoción
relevante puesto que representa el primer paso de la escalada hacia la agresión, y ésta se
está convirtiendo en una de las preocupaciones primordiales de la conducta infantil en
Cuando oigo a adultos “hechos y derechos” contar batallitas de la infancia
alardeando de haber hecho daño a un perro simplemente para divertirse… se me hiela la
sangre (y más aún cuando se les ríe la gracia). Se supone que esas historias deberían ser
vergonzosas, historias indignas de recordar, sin embargo, las exponen como si
tuviéramos que ponerles medallas por ello... y eso lo oyen los niños, que asimilan en sus
impresionables cabecitas que es lícito maltratar e incluso matar a un animal por salir del
aburrimiento. ¡Y todavía aún nos sorprendemos de que los niños tengan esa disposición
hacia la agresividad, cuando es la propia sociedad quien permite que los menores se
empapen de violencia gratuita!.
Cuando un niño maltrata a un perro, es que nadie le ha explicado que tiene en sus
manos a un ser vivo. Tenemos el deber de educar a los niños en el respeto hacia los
animales. El adulto, sobre todo aquel que tiene lazos sentimentales con el niño, es el
modelo a imitar, por tanto no vale dar consejos verbales de respeto y luego actuar de
manera contraria. El niño imitará lo que ve en su modelo de referencia. No sirve
regalarle un perrito por Navidad y en verano abandonarlo porque ha crecido demasiado
para las dimensiones del piso en el que vivimos… La próxima vez cómprele un osito de
peluche que siempre se queda igual, no crece. ¿Qué mensaje estamos transmitiendo a
nuestro hijo?.. un mensaje de abandono, de desamparo, de egoísmo y despreocupación.
Los animales no son de plástico ni juguetes que funcionan a pilas, sino que son
seres sensibles al dolor y que sufren si se les maltrata. ¡No lo olvides!... Se trata de un
ser vivo que siente, sufre y goza.
Mientras acabo de redactar este artículo unos ojos marrones me miran, y al
compás del tic tac del reloj un rabo se mueve acelerado.. es la hora del paseo… ¡y él lo
María José Rivero Torres.
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